Nos reunimos hoy, para no olvidar a los que marcharon a defender la bandera de la patria, en un territorio usurpado por los ingleses. Recordamos en este acto a los Veteranos y Caídos en la Guerra de Malvinas.
Héroes de una guerra absurda como todas, que costó las valiosas vidas de 649 jóvenes argentinos, caídos en batalla, más los que luego, no pudieron soportar tanta angustia y apelaron al suicidio para silenciar sus recuerdos.
Quienes dieron su vida al perderla en el campo de batalla, y aquellos que el 14 de junio de 1982, cuando se estableció el alto el fuego, y la rendición, regresaron a la Argentina, es a quienes hoy y siempre debemos respetar por su labor, por su entrega, por dar todo por la patria, aún cuando no contaban con los recursos necesarios para enfrentar la cruda realidad del momento.
La disparidad de condiciones en las islas era notoria, pero el sacrificio de los que hoy homenajeamos, trasciende el resultado de una guerra donde la razón solo encuentra perdedores, y no alecciona a nadie. Es por eso que en el análisis de nuestra historia reciente, la conmemoración del día de la memoria, el acto de hoy, nos conducen a comprender que la paz es el camino hacia el entendimiento de los pueblos.
En la sociedad se encuentra la memoria, aquella que nos traslada hasta lo más oscuro de nuestras experiencias anteriores y presentes. Hoy podemos hablar de la construcción de la memoria que, como sociedad, venimos teniendo desde que nos impusieron un régimen dictatorial, la aplicación de un sistema económico, una guerra como salida de todas estas atrocidades, y una democracia que no está ausente de la crisis cultural educativa.
La escuela pública fue uno de los espacios centrales para la transmisión de la causa de Malvinas. Generaciones de argentinos aprendieron que “las Malvinas son argentinas” de la mano de sus docentes. La legitimidad del reclamo argentino, y la historia de la usurpación británica, se insertaron en el relato nacional construido en las escuelas por el impulso de las élites dirigentes, que a principios del siglo XX, encontraron en la institución escolar un espacio estratégico para la construcción de la “argentinidad”.
Hoy, en los colegios, podemos apreciar el interés en revertir la escasa información sobre Malvinas, sobre el golpe, sobre el presente, y el lugar de los responsables de aquellas atrocidades en nuestro país actual.
Hoy, Malvinas, aparece como una guerra de la que todos los argentinos nos lamentamos, aunque no hayamos estado allí. Pero, ¿es esto suficiente para el reconocimiento de nuestros soldados? También víctimas del vaciamiento cultural de la dictadura, y aún de la democracia, marginados, olvidados, no reconocidos por su humanidad, sino por su pena en la sociedad, acallados luego por su lucha, y acusados por el olvido.
Pero esto no sólo es el producto de una guerra que, como sabemos, deja huellas irreparables en la memoria de los que la vivieron en carne propia. Esto es además producto de un atentado a la educación, primero prohibiendo la palabra, la lectura, quemando libros.
Aquello que no se recuerda, no molesta, y aquello que no molesta, permite dominar.
De esta manera, deseamos que todo lo que aquí señalamos no siga reproduciéndose. Que se imprima un giro, y que éste comience por las escuelas. Son ustedes, las nuevas generaciones, las que resguardarán la democracia del país, a ellas es a quienes debemos preparar los docentes para que, viviendo el presente, puedan construir el futuro. Sólo así podremos dar forma a una memoria amplia, plural, enfrentando el fantasma del miedo, y contando las verdades que nos han forzado a olvidar.
Como miembros de esta institución, debemos estar orgullosos de representarla, en tanto hay una intención concreta de revalorizar y rendir verdadero homenaje a los veteranos y caídos en Malvinas, plasmada en el proyecto institucional, y convirtiéndose en una impronta educativa.
Discurso leído en el acto del día viernes 30 de marzo 2012 en la Escuela de Comercio N· 12 DE 21 "Juan XXIII". Prof. Emiliano Viviani
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